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noviembre 22, 2008

Afrontando el cambio

He permanecido alejada de la blogosfera por que en realidad no me he sentido de muy buen ánimo para escribir. Incluso sentía dudas de escribir al respecto, pero creo que esto podría ayudar a más de una que tal vez atraviese por una situación similar.


Mi bebé es lo máximo y una sonrisita, una mirada, un balbuceo o tan solo un suspiro de esa muñequita me alivian todo mal gracias a Dios, ya que estos días han sido emocionalmente duros para mí. Me he enfrentado a una cantidad de emociones encontradas por los grandes cambios que he experimentado con mi maternidad. En primer lugar en cuanto a lo social, siempre fui una mujer que entablaba nuevas relaciones y mantenía mi propio círculo de amistades, pero desde mi embarazo este aspecto de mi vida cambió del cielo a la tierra, teniendo en cuenta que ninguno de mis amigos tiene bebés. Así que esto terminó por dejarme de cierta manera aislada debido a que mis prioridades cambian y para personas que no saben lo que esto significa o no les interesa compartirlo simplemente no se vuelven a asomar ni por las curvas.


Otro de los aspectos a tener en cuenta es mi vida a nivel profesional, ya que me siento dividida en dos. Una parte de mi desea seguir viéndome progresar de acuerdo como lo venía soñando desde hace un tiempo y al estar desde hace más de un año en cese de actividades ha provocado en mi cierta frustración. Pero por otro lado siento que me entristece la idea de dejar de ver los avances de mi hija, de perderme tantas cosas y miedo por creer que tal vez si me dedicara a retomar mi carrera, el lazo que estoy forjando con mi bebé algún día se rompa por la poca frecuencia con que la vería. Pero al mismo tiempo me pregunto cómo hacen las madres que continúan en este aspecto de sus vidas, cómo compaginan el tiempo de su trabajo con el tiempo de sus hijos. ¿Si les alcanzará?, ¿se puede lograr mantener el amor de nuestros hijos sin descuidar nuestros logros profesionales?


A parte, un día me levanté de la cama a eso de las 4:00 a.m. que es la hora que se levanta mi beba y mientras me dirigía a preparar el tete me miro al espejo y me doy cuenta que tan lejos estoy de la mujer que era antes de tener a mi bebé. Cielos! Cuantas cosas han cambiado en mi! Será que podré algún día reconocerme? Por que definitivamente en cuanto mi aspecto físico creo que requiero más tiempo del que cuento para lograr verme como antes. Por que entre las labores diarias en mi hogar y el cuidado que requiere mi beba es bastante difícil, no tomar la ropa más cómoda (que me quede) y no hacerme cualquier peinado raro que permita mantenerme el cabello lejos de la cara implicaría dedicarme un tiempo que siento no poseo, por que lo que queda del día se lo debo a mi descanso. Así que mi moral no está en lo muy alto que digamos.


Al principio creí que sufría de depresión postparto, pero por lo que he leído no estoy tan grave, si he llorado, he tenido ganas de no hacer nada, he renegado de la vida que me ha tocado, pero como mencioné unas líneas arriba, ver a mi beba es lo que me conforta a continuar adelante. Espero esto sólo sea una fase, espero pueda en algún momento acomodar los tiempos y tomar práctica en el asunto de la maternidad y definir que es lo que más deseo y como manejar las cosas de tal manera pueda dedicar tiempo para mi hija, mi hogar y por supuesto para mí.

octubre 25, 2008

Olvidada por mis “amistades”

Es difícil las situaciones por las que me he tenido que enfrentar en mi vida personal desde antes de traer al mundo a mi nena hermosa. He pasado por muchas depresiones simplemente por que no he tenido la vida que buscaba tener, la vida que añoraba y por la cual me esforcé todo el tiempo.


Fue muy duro para mi estudiar una carrera profesional ya que no contaba con el apoyo económico de unos padres y a veces siquiera el apoyo emocional. Antes de terminar la carrera que con mucho esfuerzo estudié (trabajos, becas, etc.) me vi obligada a dejar la casa de mi madre. Me fui a vivir sola y a hacerme total responsable de los gastos que eso implica, en una habitación pequeña de cuatro paredes y un baño y no dejaba de sentirme sola muy sola. Así que para no enterrarme en vida en ese ataúd de cuatro paredes me refugiaba en mi trabajo y en el bar de unos amigos en el cual me gastaba el 30% aproximadamente de mi sueldo.


Una vez me gradué pensé que mi vida cambiaría, que por fin llegaría la hora de trabajar y conseguir un sueldo digno que me ayudaría cosechar los frutos que tanto anhelé luego de mucho esfuerzo. Pero las cosas no se dieron así y terminé viviendo con mi novio. De esta forma nos apoyábamos económicamente mientras llegaba una oportunidad laboral para mi, pero no se daba, intentaba casi a diario, enviando mi currículo a varias empresas, asistía a entrevistas, pasaba el tiempo y no resultaba nada. Me desesperaba, me angustiaba y luego cuando pensé que por fin se darían las cosas, llegó la noticia de mi embarazo e indiscutiblemente me tocó realizar una pausa obligada en mi vida, una pausa que al parecer sería mayor de lo que me había esperado.


Hoy aunque me siento feliz de tener conmigo a mi bebé, es triste analizar que cuando no te va bien en todo, no eres una persona enteramente llena de éxitos, las amistades que solías frecuentar (normalmente con las únicas que cuentas) terminan por hacerte a un lado. Es triste hoy en día para mi ver como mi bebé termina siendo como una carga para ellos sin motivo alguno, es triste en verdad que no compartan contigo esta felicidad, que si algún día quisieron mostrarte que era así tan solo fue par aparentar; por que desde que nació la razón de tu existencia no les has vuelto a ver la cara.


Aún así debo sentirme afortunada por contar con el apoyo emocional de mi esposo, el de mi madre con quien hice las paces desde hace un tiempo atrás, con las visitas de mi hermana de vez en cuando y con mi hermosa hija quien cada día me llena de alegría con sus sonrisas, con sus descubrimientos, con sus ganas de aprender y su necesidad de tenerme a su lado.


La vida me cambió drásticamente, ni siquiera me imaginé este giro después de haber tenido tatos “amigos”, de haber sido tan social, hoy sentir que no más cuento con mi familia al fin y al cabo y que prácticamente en esta vida nueva hay que hacer un nuevo comienzo. Simplemente es duro aceptar los rechazos, los abandonos, las hipocresías. Pero esta es la realidad que toca afrontar y no queda más que seguir adelante, pues ahora es mi bebé quien merece todo de mí.